Un paisaje singular.

Un lugar para descubrir.

Antiguo coto de caza y hoy finca vinícola singular, Casa La Rad habita un paisaje de viñas, bosques y silencio.

En las estribaciones del Macizo Ibérico, cultivamos viñas viejas a gran altura y elaboramos vinos de finca que expresan, con precisión y naturalidad, el alma de este lugar.

experiencia vital

Ecodiversidad, fuera de los caminos trillados

Has llegado al borde del bosque.

El camino asciende suavemente desde la bodega. Aquí, el aire es distinto — más fresco, más vivo.

Ante ti, las viñas avanzan entre rocas antiguas, donde apenas se adivina la tierra.

Y surge, casi sin pensarlo, una pregunta:

¿Qué sabor nace en un lugar como este?

Nuestro terroir

Altitud. Territorio. Carácter.

Los grandes vinos nacen no de una sola decisión, sino de un equilibrio irrepetible entre naturaleza y lugar.

En Casa La Rad, la altitud, la orientación, el clima y la diversidad geológica convergen para definir lo que entendemos como verdadero terroir.

Aquí, el paisaje no es solo un entorno. Es el origen del vino.

El vino

Un lugar en la mesa…

Silenciosos. Precisos. Nacidos de la tierra.

Vinos que no buscan imponerse, sino revelarse con calma.

Elegancia sin artificio.
Expresión sin exceso.

Nuestra Mirada

Bárbara Palacios

Bárbara Palacios siempre supo que su camino la llevaría lejos —y que, tarde o temprano, la traería de regreso.

Tras años de trabajo en bodegas de distintos rincones del mundo, su visión del vino se fue afinando con la experiencia, pero también con la distancia.

Hoy, en Casa La Rad, ese regreso adquiere un significado especial.

Aquí, entre paisajes que forman parte de su propia historia familiar, encuentra un territorio que dialoga de forma natural con su manera de entender la viticultura: respeto por el lugar, precisión en el detalle y una búsqueda constante de equilibrio.

Expresan sin artificio ni excesos. Solo viñedo, tiempo y sensibilidad.